Monthly Archives: February 2011

What is Audio Translation?

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 Audio translation … these two words keep coming up in searches in the Google Analytics of my web page, so I decided that I was going to try to tackle this subject today.

 First I will define these two words; audio translation is the translation of any audio or video script.

 What are the steps involved?

 First, you have to obtain the script (sometimes the client will provide it for you).

Then, you have to decide if you want a voice-over or subtitles.

  How do I know how many words will be in my corporate video?

 Without having seen it, it is hard to say, however 140 to 160 words is about right, that is what the speed is in audio books.

 Audio books – 150 to 160 words per minute

Babies equally prepared to grow up blilingual: study

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VANCOUVER — Infants are just as capable of growing up bilingual as they are unilingual, according to new University of B.C. research.

Psychologist Janet Werker’s joint findings with Prof. Nuria Sebastian-Galles of Barcelona University were presented Friday to the American Association for the Advancement of Science’s annual general meeting in Washington, D.C.

Their research on babies raised in homes where Catalan and Spanish were spoken showed that infants at four, six and eight months could discern different languages — English and French — whereas monolingual infants who also had the ability to discern those languages at four and six months lost this ability by the time they were eight months old.

The infants who were part of the study were shown silent videos of taking faces speaking English and French and found that the bilingual-exposed babies were able to distinguish between French and English simply through facial clues.

© Copyright (c) The Vancouver Sun
 
 

Las razones de la nueva Ortografía

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 ¿Por qué las academias decidieron quitar la tilde del adverbio solo y de los pronombres demostrativos y realizar otros cambios menores en el código de la lengua castellana? He aquí los fundamentos, tras una revisión de la obra de más de 800 páginas, que ya se encuentra en las librerías chilenas.

Si uno atiende al uso (y abuso) que se hace de las redes sociales, pareciera que hoy, contrario a lo que suele creerse, se escribe y se lee más que nunca. Pero una observación más a la médula verá que se escribe más bien para expresarse que para comunicarse de verdad. La pura expresión tiende a la unidireccionalidad, le importa poco la comprensión del lector, y está centrada en sí misma; la comunicación escrita, en cambio, es el encuentro en un espacio compartido -el del código escrito-, donde la norma y la estructura garantizan la propiedad del discurso. Y de todas las disciplinas gramaticales, la ortografía es la que vela por esta causa.

La conexión chilena

Chile ha mantenido una especial conexión con los estudios de la lengua castellana. El 7 de septiembre de 1999, en acto solemne en la Universidad de Chile -cuyo rector por antonomasia, Andrés Bello, es el autor de una gramática clásica- se presentaba la primera edición de la Ortografía de la lengua española que recibió el refrendo de todas las corporaciones que conforman la Asociación de Academias.

En 2007, en Medellín, Colombia, el director de la Academia Chilena de la Lengua, Alfredo Matus Olivier, exponía las conclusiones del análisis a que había sido sometido el texto de la Ortografía de 1999: 1) Las academias consideran necesaria una revisión de la Ortografía, pero se descarta la idea de una reforma ortográfica exhaustiva; 2) Es conveniente eliminar, dentro de lo razonable, la opcionalidad abierta por las llamadas normas potestativas, y 3) Es necesario vigilar su coherencia con otras obras académicas.

El desarraigo de las normas

Las dos primeras conclusiones han tenido una mayor prensa, aunque no siempre han sido bien comprendidas. Pareciera que el solo escuchar que la RAE (hoy, en verdad, las veintidós academias) hará cambios en ciertas normas hace arrugar el ceño de quienes sienten que las reglas que aplican, muchas veces aprendidas después de largos períodos de ensayo y error, forman parte ya de su propio ser y no están dispuestos a entregar “el alma” así como así.

Es lo que ocurrió con las modificaciones de 1952. Aún hoy, casi sesenta años más tarde, existen quienes no dejan de poner tilde en la i de la sílaba ui de las voces llanas (como altruismo, jesuita, fluido, huido, destruido, concluido, etc.) o en vocablos monosílabos como fue, dio, vio o fe. Es una respuesta cuya subversión es comprensible, y se puede observar en estos precisos momentos, cuando se rompen lanzas por esa “arbitrariedad” de la docta corporación al quitar una tilde cuya función -dicen los indignados- está más que clara. Pero si uno quiere reclamar con fundamentos, lo que debe hacer es consultar ese magnífico tratado que se llama Ortografía de la lengua española, desde hace apenas unas semanas disponible en nuestras librerías, luego de su lanzamiento en Guadalajara.

En esta obra -cuya extensión, profundidad, ejemplos y análisis la convierten en una guía esencial- los cambios siguen la línea trazada desde hace mucho, pero igual han producido ruido mediático y han sido divulgados, en general, con un criterio que busca alimentar ciertos prejuicios que rodean la labor de las academias.

Lo más relevante que podemos destacar de este tratado de ortografía es un enfoque más prescriptivo que en ocasiones anteriores -por aquello de eliminar la opcionalidad de las normas potestativas- y las razones que se despliegan para sostener dichas modificaciones.

Las modificaciones más comentadas

Así, en el caso de la tilde diacrítica -uno de los que más han dado que hablar-, la Ortografía explica por qué opta por sacar definitivamente la tilde gráfica de solo, cuando se refiere al adverbio, y de los pronombres demostrativos este, ese, aquel y sus plurales, lo que hasta ahora era de uso potestativo, dependiendo de la posible ambigüedad que se salvaba con ella.

La razón es que la tilde diacrítica sirve para diferenciar palabras tónicas de otras átonas (por ejemplo él [pronombre] de el [artículo], dónde [interrogativo] de donde [relativo]), y no para indicar sus distintas funciones, aunque efectivamente estas sean diferentes morfológicamente. Además, tiene un carácter excepcional justamente porque se tildan palabras que, según las leyes generales de acentuación, no deberían llevar la marca gráfica.

Entonces, resulta natural y armónico con el sistema global el que se elimine el acento diacrítico en estos dos casos, puesto que en ellos este, en realidad, funcionaba como diferenciador de significados, y no como señal de su distinto tono. Y respecto de las distintas interpretaciones a que se puede dar lugar, la Ortografía dice que tales casos son muy poco frecuentes y fácilmente resueltos por el contexto, a lo que agrega que “estas posibles ambigüedades nunca son superiores en número ni más graves que las que producen los numerosísimos casos de homonimia y polisemia léxica que hay en la lengua”.

Por ejemplo, si alguien dijera ella tiene un don, pero lo que en realidad quiere decir es que tiene un dueño, y no que posee alguna virtud especial, entonces debiéramos -siguiendo la lógica de quienes advierten que ahora no se podrá saber qué se quiso expresar con llegué solo a la fiesta- exigir a la ortografía algún tipo de pista gráfica que nos libere de tamaña ambigüedad.

Guion y truhan

También, a partir de ahora, se termina la facultad del usuario del idioma escrito de tildar o no palabras que según la pronunciación de este pudieran ser consideradas bisílabas. Por ejemplo, las formas perfectas rio, crio, lio, fie, fio, hui, además de las palabras guion y truhan, son consideradas monosílabas, “y, por ello, deben escribirse obligatoriamente sin tilde”. La idea detrás de esta sentencia es que la Ortografía no se puede hacer cargo de la distinta pronunciación, sino que su obligación es aplicar la norma que rige la acentuación de los monosílabos, la cual dice que estos, por definición, no se tildan, salvo en el caso de los sometidos a la excepción de la tilde diacrítica. Y esos diptongos, que constituyen una sílaba en la que confluyen una vocal abierta y otra cerrada, deben ajustarse a la regla.

Otra modificación que busca hacer más coherente el sistema ortográfico del castellano es aquella de los prefijos ex y pro. Respecto del primero, en su forma de preposición latina que significa “que dejó de ser, que ya no es”, se prescribe que vaya unido a la palabra a la que determina (base léxica), cuando esta sea una sola (exministro, expresidente, exnovio, exsuegra, etc.), y separado de ella en los casos en que sea pluriverbal (más de una palabra), como ocurre en ex alto cargo, ex primer ministro, ex chico de los recados, etc., lo que se aplica también a todos los prefijos. En lo que se refiere a pro, se escribirá unido a su base léxica, tanto en su forma “en favor de” (provida), como en aquella en que significa “en reemplazo de” (protesorero). Recordemos que, hasta ahora, se hacía la diferencia y el pro “en favor de” iba separado de su base. La idea es usar el mismo criterio para todos los sufijos, y no hacer excepciones.

Extranjerismos

La Ortografía dice, además, que los extranjerismos “crudos” -aquellos vocablos provenientes de lenguas extranjeras que pasan en su forma original al castellano, entre los que contamos mall , retail , commodity , ticket , y miles más- deben escribirse en cursivas. Esta es una marca cuya pertinencia es únicamente ortográfica, y permite señalar al lector que esas palabras no pertenecen al idioma. Agrega entre estos las expresiones latinas no castellanizadas, como motu proprio , por ejemplo, algunas de las cuales hoy el Diccionario recoge en redondas, por lo que deberá actualizarse -y bastante- en la próxima edición, para ser consecuente con estas modificaciones.

En definitiva, una obra en que el castellano se muestra más vivo, más articulado y más lleno de posibilidades que nunca.

Este artículo fue escrito en forma íntegra por Carlos Jorquera Álvarez y extraído del diario el Mercurio de Santiago.

Interpretation Adrenaline

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I just spent three days interpreting a conference and for the first time that I was almost completely relaxed doing it.

 During the three days I recalled how many conferences I have interpreted since I did the “APEC, Small and Medium Enterprise” conference in Vancouver about 10 years ago.

 APEC was my first conference.  I was a recent graduate from the Court, Community and Health Care Interpreting courses offered at Vancouver Community College, and the person in charge of organizing the APEC meeting here in Vancouver asked me if I would like to coordinate the interpretation side of the conference and be one of the interpreters.

 My first thought was “ME, are you sure?” He asked me if I considered myself to be a good simultaneous interpreter and I said yes, actually I was very good for somebody who had just finished her training as an interpreter.

 The day arrived; it was my first day in a real cabin/booth with real headphones on my head and a room full of real delegates.

 When I saw all the delegates taking their seats I understood what it really meant to have the adrenaline flowing. I was excited, nervous, sweating, you name it – I was feeling it. But I was also speechless – my voice was not coming out – and all of a sudden I felt 150 delegates turning theirs heads to “my booth”, they were staring at me; then bump, I felt a big slap on my back that brought me back to reality, it was my fellow interpreter who abruptly brought me back into the present. At that second, with the calmest and most welcoming voice of my life, I interpreted the opening speech, I hardly missed a word – it was a fabulous experience.

 At the end of the day, some delegates congratulated me for the quality of interpretation that day. One or two said that they thought that I was having a panic attack during the inaugural speech, but that in the end, my rendering of the interpretation had been as moving as the one from the speaker – an amazing compliment!

 That day I found a new passion, today I love to be inside the booth with the headphones on – I love to feel the adrenaline flowing like the first day; but now, I do not need the slap on my back to start!

 Thank you Francisco for your trust in me, John for helping me put everything together, and Shannon for that slap on my back.

Caught in the grips of linguistic paranoia

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What makes the largest military power on earth tremble in its boots? What causes an entire nation of people – the majority of whom descended from non-English speakers – to shudder in fear? What provokes outrage at debates and town hall meetings in the current presidential campaign?

Language, that’s what.

Not every language is seen as Uncle Sam’s nemesis – just the 6,911 languages that are not English.

Americans often view other languages as a threat their identity – both as individuals, and as a nation. It’s for this reason that a Pennsylvanian recently stood up and told John McCain how angry it makes her to see the word entrada at the entrance to her local Lowe’s home improvement store.

Barack Obama dared to suggest last month that American children should learn a language currently spoken by more people in the world than English: Spanish. Hillary Clinton even stated, albeit jokingly, that it’s time for the United States to have a multilingual president.

Linguistic paranoia seems to have reached unprecedented levels in recent years, a phenomenon that would probably shock America’s Founding Fathers. After all, they intentionally decided not to declare an official language for the United States, knowing full well that linguistic dominance in the world is often in flux, and that doing so could restrict the country’s ability to both compete internationally and respond to domestic needs.

The White House has a time-honored tradition of multilingualism. America’s second president, John Adams, spoke several languages fluently. He believed in learning other languages and made sure that his son, John Quincy Adams, studied four of them.

The third president, Thomas Jefferson, spoke between five and seven languages. Herbert Hoover and his wife were fluent in Mandarin, and they translated a book from Latin into English. Jackie Kennedy made campaign speeches in Spanish, Italian and French to appeal to multilingual voters.

Is Obama wrong to point out the obvious, that when future generations’ knowledge of other languages is restricted, so is the prospective well-being of our nation?

The Quality of Life Index, published by The Economist in 2005, showed that the five countries with the highest standard of living were Ireland, Switzerland, Norway, Luxembourg and Sweden. Aside from having a European address, all of these countries have one key thing in common – they promote multilingualism.

In spite of being the largest economic power in the world, the United States came in 13th, just behind Spain, Singapore, and Finland.

America has the means to be a linguistic superpower. The United States is one of the richest countries in the world when it comes to natural language resources, with an estimated 311 languages spoken within its borders – 162 of these are indigenous languages, and 149 come from other countries.

America’s internal linguistic diversity has proved to be an asset time and time again – Navajo was used for strategic military purposes as a code language in World War II, and current operations abroad would be impossible were it not for the help of the many U.S. linguists who risk life and limb each day.

McCain responded to the crowd in Pennsylvania with a plea for appreciating America’s diversity. Obama went on to say that American children should learn not just Spanish, but other languages as well.

Across party lines, the presidential candidates are acknowledging the important role of multilingualism both within the United States and abroad. Their campaign managers also know the importance of the multilingual voting demographic – America’s last census tells us that 20 percent of U.S. residents speak a language other than English at home.

So why do the bald eagle’s feathers get ruffled every time U.S. presidential candidates mention language issues? Fear of the unknown. What we are not familiar with makes us uncomfortable. Accepting that we are a multilingual nation is a challenge, because it requires looking beyond our borders and outside our comfort zone. The only solution? Know thy enemy.

 

By Nataly Kelly

Nataly Kelly is a senior analyst with Common Sense Advisory.